agorafobia

Qué es la agorafobia y cómo combatirla en la montaña

Miedo, ansiedad, inseguridad, dependencia, ataques de náuseas, presión en el pecho, mareos, temblores… si estos síntomas te son familiares es posible que sufras ataques de pánico. Y si estos ataques están relacionados con situaciones de exposición al público, como estar fuera de casa o relacionarse con otras personas, es posible que se trate de agorafobia.

La agorafobia, un trastorno delicado

Causas y consecuencias

Salir de casa, estar en lugares desconocidos, compartir espacio con otras personas, o viajar son temores característicos de la agorafobia. Sus causas suelen estar relacionadas con alguna desagradable situación de ansiedad aguda en un espacio abierto. Inconscientemente asociamos esa mala experiencia con haber estado en ese lugar o rodeados de otras personas. Pero no es imprescindible sentirse observado o tener extraños alrededor. La agorafobia podría aparecer tras un proceso depresivo o una ruptura sentimental, por ejemplo.

Esos temores llevan a que cada vez que salgamos de casa pensemos que volverán a ocurrir, y aparecen los casos de ansiedad injustificada. A la larga, nos encerramos y vivimos dependiendo de otras personas incluso para los recados más elementales. Es un círculo vicioso en el que nos sentimos más seguros cuanto más nos recluimos, pero al mismo tiempo el encierro nos hace sentir mal, reduce nuestra autoestima y afecta a nuestra calidad de vida. Analizada fríamente, sabemos que nuestra situación es anómala, rara o injustificada, pero no podemos evitarla.

La agorafobia puede tener graves consecuencias psicológicas y físicas, pero por suerte es posible tratarla. No es fácil ni tampoco rápido, pero es posible y es una auténtica liberación.

Tratamiento: el aire puro de la montaña

El tratamiento de la agorafobia requiere de paciencia y pequeños pasos que, poco a poco, te lleven a la seguridad de poder salir de casa, sin compañía y sin temores infundados. Este tratamiento es multidisciplinar: evaluación emocional, relajación, visualización, TIC… Conviene que sigas varios caminos de acercamiento a tus miedos para ir limándolos desde diferentes frentes. Asiste a la consulta de un especialista, alguien con quien hablar y resolver esos nudos que te atrapan. El profesional podrá guiarte en tu tratamiento, de manera gradual y según lo que se necesite en tu caso.

Pero también se deben tomar otras medidas. Sumergirte en aglomeraciones sin una aclimatación previa quizá no sea la mejor idea. Pero sí puedes ir «entrenando» tu capacidad de exposición a los espacios abiertos, siempre según las indicaciones del especialista. Para eso no hay nada mejor que la tranquilidad de la naturaleza. Intenta pasear por la montaña aprovechando que es un espacio abierto pero sin personas que puedan agobiarte. Es un proceso de aceptación y búsqueda de comodidad en un entorno que permite la relajación y la reflexión.

No tengas prisa. Acude a la montaña para exposiciones breves que ya irás alargando. Esfuérzate por salir a pasear por el campo, busca entornos agradables y deja que la quietud de la naturaleza te llegue y calme tus impulsos. Convéncete de que no va a pasar nada y experimenta esa realidad: realmente, no ha pasado nada.

La montaña es un lugar de aire limpio y silencio. Que eso forme parte de ti.

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