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Cómo debemos entrenar nuestro cerebro

¿Qué entendemos por entrenamiento cerebral?

En un primer momento puede ser que te vengan a la mente las apps de “brain training”, que proponen una serie de “juegos” para entrenar el cerebro, bastante cercanos a los clásicos ejercicios psicotécnicos, aunque presentados de una forma más amena. Y puede que no vayas descaminado y cumplan su función, pero solo en lo concerniente al entrenamiento intelectual.

En contrapartida, hay estudios que apuntan que el excesivo uso de dispositivos multimedia podría reducir la materia gris del cerebro en zonas encargadas precisamente de las funciones relacionadas con el conocimiento. Pero lo primero que debes tener en cuenta es que el cerebro es mucho más que un cajón de procesos intelectuales.

La información sobre el cerebro triuno de la que disponemos aclara bastante cuáles son los ámbitos que abarca este órgano. La teoría del cerebro triuno lo divide en tres zonas según el tipo predominante de funciones que desempeñan. La más interna, llamada complejo reptiliano, rige la parte de los instintos (respuestas automáticas de supervivencia).

Luego tenemos el cerebro límbico, que modula las emociones, y por último, el neocortex, que se divide a su vez en el hemisferio izquierdo – analítico, lógico, sintético – y el derecho, creativo, imaginativo. Seguro que ya te has visto más reflejado en una de las partes, ¿verdad? Pues la realidad es que lo ideal no es desarrollar demasiado ninguna por separado, sino lograr que se relacionen cada vez mejor.

¿Qué otras cosas podemos hacer aparte de juegos intelectuales?

Ejercicio físico y manualidades. Un entrenamiento espontáneo

El primer entrenamiento que recibe nuestro cerebro desde que nacemos es el de las acciones corporales (lo que llaman psicomotricidad): jugar, correr, manipular objetos, dibujar, hablar… Y es un desarrollo cerebral a todos los niveles, a nivel de cuerpo, sentidos, emociones, pensamientos y psicología.

Así que interesa potenciar todas las actividades que vayan en ese sentido, en niños, a través del juego libre, o en adultos a través del ejercicio físico (yoga, tai chi…), la actividad artística, las manualidades, la conversación constructiva, etc. Puedes considerarlo espontáneo, pues no lo hacemos con la meta de entrenar el cerebro, pero de hecho es lo que ocurre.

Cómo potenciar y ampliar ese entrenamiento espontáneo a través de los fosfenos

Habrás oído que nuestro sistema nervioso se ve afectado por los cambios de luz que percibe el ojo. ¿A qué se debe? La glándula pineal o epífisis es la encargada de producir, por un lado, melatonina para inducir al sueño cuando anochece, y serotonina, que es la hormona del buen humor, que genera dinamismo y actividad, durante las horas de luz.

Los estudios del Dr. Francis Lefebure sobre los fosfenos demuestran que una correcta exposición a la luz solar o a las lámparas de Lefebure estimula esa glándula y, por extensión, todo el organismo por mediación de la serotonina. Como consecuencia, todo entrenamiento del cerebro en su globalidad se ve muy potenciado por este aporte adecuado de luz, siguiendo el método de los fosfenos.

Lo mismo puede aplicarse a otros sentidos para influir sobre las capacidades cerebrales, ya que el doctor Lefebure aplicó también su sistema al oído y al sentido del movimiento.

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